
Cuando uno se aventura a tratar la teoría de la espinilla, del grano, del forúnculo, ha de tener la noción siempre de estar inmiscuyéndose en un tema forzosamente polémico, provocador, motivo frecuente entre las élites intelectuales, pertenecientes a cualquiera de las ideologías, de rencillas verbales y físicas, y, al mismo tiempo, en el delicioso mundo de la mecánica de medios continuos. Por tanto, huiremos en este artículo de sus interpretaciones más “literales” y fundamentalmente católicas, ya que resulta especialmente desolador comprobar como predomina en los sabios y profetas ultrairracionalistas de la televisión y revistas de divulgación la tendencia al ateísmo , más que a la sexualización, a la hora de dar un puñetazo.
La mecánica de sólidos deformables habla de conceptos como elasticidad o plasticidad, es decir, de vocablos táctiles y románticos en extremo, de un nutrido PIB, del que solo extraeremos su sentido puramente literario. Introducimos como ente independiente en el espacio y, sobretodo, en el tiempo la figura de la espinilla elástica y ultraplástica, otorgándole así la trascendencia necesaria para poder abarcar toda la fisonomía humana.
Nosotros, personalmente, mediante la extracción de la suciedad y la materia del grano más o menos infectado, mediante la presión ejercida con dos dedos en torno a la espinilla “terriblemente concreta” de Dalí, perseguimos la solución de una serie de conflictos morales que ni siquiera sabemos plantear y, al mismo tiempo, por el contrario,un placer estético de erupción que se relaciona directamente con el goce que algunos dicen hallar en el trabajo manual, en el esfuerzo industrial. Es completamente inutil. No podemos optar por dotar de moralidad a un ente que prescinde de ella por naturaleza, aunque no hable. Se trata esta de una falsa elección producto de la falsa democracia y su educación en los valores de “me-esfuerzo-para-no-tener-que-esforzarme”. Por eso aprieto y estrujo cada vez con más fuerza.
Se goza, y mucho, al brotar la pus. Esto encuentra una explicación creible remontándonos a la medicina tradicional china, la acupuntura y sus teorías de equilibrio de la energía trastornada. Si un grano irresistiblemente febril y doloroso me sale en el codo o en el lóbulo de la oreja izquierda no tendré más remedio que clavar la uña o axfixiar con la yema del dedo gordo sobre su superficie inflamada para librarme, de la forma más repugnante posible, del trastorno físico, producido tanto por la incidencia de factores externos como internos , que puede desembocar irremediablemente, en rompedoras enfermedades mentales. Aun así, existe gente hoy en día ( 21-01-09) que asegura no haber conversado nunca con la espinilla.
Debate hubo desde la época clásica, casi por casualidad. Platón afirmaba no conocer a la espinilla, ni siquiera de vista, ya que se trataba en aquellos tiempos de un objeto cambiante e infiel, extremadamente ignorante por basarse en la más pura sensibilidad. En el otro lado, El espinario (ver foto), la escultura helenística del joven contemporáneo, se regodea inocentemente, sin noción de la muerte, dando constancia empírica e inequívoca de una discusión que tiene lugar en el impulso, sentados en una silla sin patas en mitad de la M-30.
Se trata del espacio afectuoso, de la metafísica de rostro humano. No le demos la espalda, ni una sola moneda. Arrójale dos gotas de limón o frótale un diente de ajo crudo para un pensamiento uniforme, desecha así la posibilidad de un número infinito de genitales.